Diez minutos al día dan vocabulario, cercanía y ganas de leer solo. Y un libro en el que aparece el propio niño invita a más noches de lectura.
Palabras que de otro modo no se oyen
Los libros tienen un lenguaje más rico que el de cada día. Los niños que leen con un adulto se encuentran con palabras que de otro modo no oyen, y las aprenden en contexto.
Un rato juntos
Leer en voz alta es también un momento de calma y cercanía. Muchas familias lo hacen parte de la noche, sea como sea el día que han tenido.
Cuando el niño se reconoce
Una historia en la que aparecen el propio niño, los hermanos o la mascota despierta preguntas y conversación: ¿qué habrías hecho tú? Eso convierte la lectura en algo que se hace juntos. Lee más sobre libros para distintas edades.